11 de julio de 2008

La monarquía Inca en Argentina

Manuel Belgrano, al igual que muchos de los grandes hombres de su época, defendía el sistema de gobierno monárquico. En 1815 realizó, junto con Rivadavia, una misión en Europa, a fin de conseguir un monarca para el Río de la Plata. Realizaron gestiones para conseguir que Carlos IV autorizara a su hijo menor Francisco de Paula ser monarca de estas regiones, pero las mismas fracasaron frente a la firme oposición de Fernando VII, quien esperaba recuperar sus antiguas colonias. Decepcionado, Belgrano vuelve al Río de la Plata, y defiende una forma de gobierno monárquica, pero ahora con un monarca de origen americano, un descendiente de la antigua casa de los Incas. Sus ideas políticas las va a exponer en el Congreso de Tucumán.

Una vez declarada la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el 9 de julio de 1816, era necesario establecer la forma de gobierno. Es necesario señalar que la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América, abarcaba un espacio mucho más amplio que la República Argentina actual, ya que concurrieron a ese Congreso diputados que representaban territorios del Alto Perú (actual Bolivia), Perú, Chile y Argentina. Los hombres de la época se movían en el espacio del Virreinato del Río de la Plata, que se extendía por territorio de las actuales Repúblicas de Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay y partes de Perú, Brasil y Chile.

La Independencia se declaraba de España, sus reyes y “de toda otra dominación extranjera’’, y el acta estaba redactada en castellano, quichua y aymara. Los diputados se habían educado en la monarquía, y en esos momentos en Europa predominaba la política de la Santa Alianza, que defendía la restitución al trono de los legítimos monarcas. Tanto San Martín como Belgrano defendían la monarquía atemperada, es decir constitucional. Esta forma de gobierno garantizaría el reconocimiento de las potencias europeas, el orden interno, la unión nacional y ya que ambos eran americanistas, soñaban con establecer un Reino que abarcara toda la América del Sur, o al menos los territorios que pertenecieron a los Virreinatos del Perú y Río de la Plata.

San Martín, como Gobernador Intendente de Cuyo, a través de los diputados de esas provincias, tales como Narciso Laprida y Tomás Godoy Cruz, presionó para la declaración de la Independencia, a fin de poder llevar a cabo su epopeya libertadora de Chile y Perú.. Mientras que Belgrano fue invitado al Congreso para que realizara una exposición sobre el concepto que en Europa merecían las Provincias Unidas, “…y esperanzas que éstas pudieran tener de su protección”.
Belgrano, recién llegado de Europa y desilusionado frente a la coronación de un monarca europeo, propuso una monarquía atemperada, que tenía como modelo a la monarquía inglesa, con un monarca de la Casa de los Incas. Según palabras de Belgrano: “…sería la Casa de los Incas la que debería representar la Soberanía Nacional, única por que anhelo, tanto más cuanto se me ha hecho la atroz injuria de conceptuarme un traidor, que trataba de vender mi patria a otra dominación extranjera.”
El plan de Belgrano de coronar a un monarca de la dinastía de los Incas, tenía varias ventajas: se esperaba que la población indígena se plegara en forma masiva a la causa patriota en contra de los realistas, favoreciendo así la Independencia de Perú y Alto Perú, que tenían un alto porcentaje de esta población, y se esperaba concretar la unidad de la América del Sur Española.

El diputado de Catamarca, Doctor Manuel Antonio Acevedo, aceptó la moción de Belgrano, proponiendo que sea la capital la ciudad de Cuzco, tal como había sido en la época de los Incas. La ideología “arribeña” que contó con varios diputados del Interior y del Alto Perú, tales como José Severo Feliciano Malabia, de Chuquisaca, Andrés Pacheco de Melo, salteño, que vino como diputado de Tupiza, en el Alto Perú, al igual que Rivera, Castro Barros, José Ignacio Thames de Tucumán, Sánchez Loria, y otros. Sin embargo, algunos diputados altoperuanos, tales como José Mariano Serrano, de Chuquisaca, no aceptaron la idea de tener un inca como monarca, ya que eso significaba una reivindicación del sector indígena de la sociedad.
Otro opositor fue fray Justo Santa María de Oro, representante de San Juan, al igual que Narciso Laprida, sanjuanino y presidente del Congreso.

Si bien Belgrano y Pueyrredón, Director Supremo, alentaban el proyecto, al igual que Tomás Manuel de Anchorena, que pertenecían al grupo porteño, otros miembros de la delegación porteña, tales como Pedro Medrano se opusieron al proyecto, ya que no podían aceptar la posibilidad que Buenos Aires dejara de ser la capital, y perdiera la hegemonía política que había alcanzado desde la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 cuando el eje del poder político y económico se desplaza del Pacífico al Atlántico.
Finalmente triunfó la posición contraria al proyecto. Los intereses locales predominaron y se perdió la oportunidad de crear un Reino que englobara la Hispanoamérica del Sur, similar en extensión o inclusive superando al Brasil. Con el tiempo surgieron distintas repúblicas.

El candidato de los partidarios de la monarquía Inca era Juan Bautista Túpac Amaru.
Natural de Tungasuca, provincia de Tinta, hijo de Miguel Tupac Amaru y Ventura Monjarrás, hermano menor de José Gabriel, Juan Bautista habría nacido en 1747. Los dos estudiaron en casa de los Jesuitas, que habían revivido el ideario incaico. José Gabriel, "el portavoz de los indios ante los blancos", también llamado José Gabriel Condorcanqui Noguera, era quinto nieto del último Inca. Lideró la mayor sublevación de América entre 1780 y 1781, hasta que fue asesinado: su cuerpo fue destrozado por caballos y quemado en una hoguera. Juan Bautista fue apresado y encerrado en Cuzco. Confundido con asesinos y ladrones, fue incomunicado y pasó un año tratado como ellos.
En septiembre de 1783 la Corte de España ordenó al Visitador General Jorge Escobedo que impusiera la pena de muerte a los familiares de José Gabriel y que "los desterrara para que no queden restos de la infame y vil familia de los Tupac Amaru".
Nuevamente fue puesto preso junto a toda su familia. Tras cinco meses en los calabozos del Callao, fueron embarcados en "El Peruano" rumbo a Cádiz. En el viaje murió su esposa, un sobrino y la mitad de sus compañeros. En Río de Janeiro fueron sometidos durante cuatro meses a condiciones infrahumanas.

El 1 de marzo de 1785 desembarcó en Cádiz y fue conducido al Castillo de San Sebastián, donde estuvo 3 años. Luego fue enviado a Ceuta, donde estuvo encerrado 35 años. En 1813 llegó allí el padre Marcos Durán Martel, religioso agustino y revolucionario peruano, que lo ayudó a conseguir su libertad, que llegaría el 3 de agosto de 1823. Viajó a Buenos Aires, donde el Gobierno le dio un subsidio para que escribiera sus Memorias. Murió el 2 de setiembre de 1827. Fue enterrado en el cementerio de Recoleta.